Escrito por: Ramses
Primera parte del artículo: Reggie Lewis: Otro Doloroso Revés -1-
Contra todo
pronóstico, los verdes dieron el do de pecho y volvieron a demostrar que podían
ser competitivos. Esta Regular Season (la
cual terminaron con un balance de 56-26) dejó para el recuerdo varios partidos,
pero a mí me gustaría destacar uno de ellos: ¿Fecha? 31 de Marzo de 1991;
¿Lugar? El mítico Boston Garden; ¿Rival? Chicago Bulls, con Michael Jordan a la cabeza; ¿Héroe?
Imaginadlo.
Aquella
noche, tras un partido disputado hasta la saciedad, Boston conseguía hacerse
con la victoria tras dos prórrogas: el resultado, 135-132. En 53 minutos, el de
Baltimore consiguió unos nada desdeñables 25 puntos, 3 rebotes, 2 asistencias y
un robo, además de encestar el triple que decantó la balanza a poco segundos
del final.
Pero
si algo convirtió su actuación en memorable, fue la defensa que ejerció sobre
el #23 de los Bulls. Aunque terminó con
37 puntos, “Air” se quedó aquella
jornada con un 12/36 TC (un paupérrimo 33.3% de efectividad), además de ser
taponado ¡hasta en 4 ocasiones! por el bueno de Reg (el único jugador en la historia capaz de conseguirlo).
Llegado
el momento de la verdad, sin embargo, los del trébol quedaron fuera de Playoffs mucho antes de lo deseado. Lewis aumentó sus prestaciones,
promediando 22.4 puntos, 6.2 rebotes, 2.9 asistencias y 1.1 robos durante la
fase final, pero eso no fue suficiente. Detroit se cruzaba de nuevo en
nuestro camino, esta vez en Semifinales de Conferencia, ejerciendo de verdugo
tras seis partidos.
La
temporada 91-92 no pudo empezar de peor manera. No en el seno céltico, sino
para toda la NBA: en noviembre, Earving,
“Magic” Johnson anunciaba que era portador del virus VIH; este hecho, unido a la retirada de Larry al finalizar la misma, ponían punto y final a la que para
muchos ha sido la época dorada de la competición.
Mientras,
Reggie se consolidaba como uno de
los mejores Small Forward de la liga,
con una media de 20.8 ppp, 4.8 rbpp, 2.3 app y 1.5 rpp. Con otra notable
campaña (51-31) los Celtics se clasificaban de nuevo para la postemporada: en esta
ocasión, unos rocosos Cleveland Cavaliers, liderados por Brad Daugherty, nos dejaban a un solo
paso de visitar unas nuevas Finales de Conferencia. Los números del #35 se dispararon: 28.0 puntos, 4.3
rebotes, 3.9 asistencias y 2.1 robos.
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| All-Star Game, Orlando '92. |
Su rendimiento le
permitió ser seleccionado para el All-Star
Game (celebrado en Orlando) por primera vez en su carrera. Junto a Larry, representaría a Boston
en el partido de las estrellas, aunque finalmente el capitán se perdería el encuentro por lesión.
En 15 minutos, Reg anotó 7 puntos,
capturó 4 rebotes y repartió 2 asistencias.
La
marcha del #33 a final de año, hacía
prever un cambio de jerarquía dentro de la plantilla: con McHale y Parish
disputando sus últimos partidos con la camiseta celta, el liderazgo recayó
sobre los hombros de Lewis, quien
sobre la pista debía ser el faro que guiara a la franquicia en esta nueva
etapa.
Con el
nuevo capitán calcando los números de su anterior RS, la marcha del equipo post-Bird,
a pesar de ser menos brillante que en anteriores temporadas, supuso la
catorceava aparición consecutiva en la fase final (48-34). Pero la 92-93,
desgraciadamente, no sería recordada por este hito.
La
llegada de los Playoffs vino
acompañada, casi siete años después, por la tragedia. El rival en primera
ronda, Charlotte Hornets, visitaba aquél 29 de Abril el Garden,
para disputar el encuentro inaugural de la serie. Un encuentro, que supondría
el principio del fin para Reggie.
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| Foto tomada en la última temporada del capitán. La desgracia, en el horizonte. |
Tras
tan solo trece minutos sobre el parqué, (en los que anotó la friolera de 17
puntos), el #35 se desplomó, ante la
mirada atónita de las casi 15.000 almas que aquella noche abarrotaban el
pabellón; un tenso silencio se apoderó de todos los presentes. Entre ellos, se
encontraban dos de sus antiguos compañeros de instituto, Bogues y Wingate,
rivales entonces, quienes quedaron petrificados ante lo que acababan de
presenciar.
Aunque
Reg pudo llegar a vestuarios por su
propio pie, para alivio de aquellos que vivieron su desmayo, nadie podía imaginar
que aquella había sido la última vez que jugaría el capitán. Perdiéndose el
resto de la serie, sus Celtics, a pesar de conseguir la
victoria, se vieron muy afectados por lo acontecido. Su ausencia, tanto a nivel
deportivo como emocional, fue una losa demasiado grande, que sus compañeros no
supieron sobrellevar: la eliminación se consumó tras cuatro partidos.
La
dirección, inmediatamente después de lo acontecido, puso al servicio del
jugador un nutrido grupo de médicos con una contrastada experiencia, los
mejores de toda el área de Massachusetts.
Tras las pruebas pertinentes, el
resultado de las mismas no podía ser más desalentador: el jugador padecía una
Miocardiopatía Hipertrófica (a día de hoy, igual que entonces, una de las
principales causas de muerte entre los deportistas de primer nivel).
Lewis, consciente de que dicho diagnóstico
suponía el final de su carrera, no pudo concebir la idea de verse alejado del
baloncesto.
Disgustado,
en su afán por encontrar una nueva opinión experta, halló lo que buscaba: el
doctor Gilbert Mudge (ajeno al grupo
reunido por la franquicia) tras una nueva serie de análisis y evaluaciones,
desacreditaba el trabajo realizado por sus colegas: el capitán padecía, según
su criterio, un desorden neurocardiogénico, causa del desmayo sufrido ante los Hornets.
De carácter curable, no era incompatible con la práctica de su profesión.
Por
desgracia, la trágica realidad no tardaría en demostrarle lo equivocado que
estaba.
Aún
con el distanciamiento que se produjo entre el escolta y el equipo, a raíz del
rechazo hacía el cuerpo médico, Reggie empezó
a realizar su propia preparación, como en anteriores temporadas. Desoyendo sus
consejos, el objetivo no era otro que llegar en la mejor forma posible a la Preseason, momento en el que se reuniría
con el resto de sus compañeros. Pero
todo se truncó un triste 27 de Julio.
Tras
una larga sesión de tiro, previa a un partido de entrenamiento, nuestro
protagonista se desplomaba por segunda y última vez. A pesar de las maniobras
de reanimación por parte de los presentes en el Brandeis Arena, todo fue en vano: Reginald Lewis moría aquella tarde de verano, a la temprana edad de
27 años, realizando aquello que más le apasionaba… estar en una cancha con la
pelota naranja en sus manos.
Su
pérdida supuso un mazazo enorme, a todos los niveles, y las reacciones por la
misma no se hicieron esperar: Aficionados, amigos, compañeros, familiares,
equipos, jugadores o a la propia NBA... las muestras de admiración,
afecto, cariño, condolencia u respeto fueron multitudinarias, con múltiples
características y formas. Miles de personas acudieron al memorial celebrado en
la ciudad, poco después de su fallecimiento.
Pero
nada era capaz de paliar el hueco dejado por Reg. Boston Celtics lloraba a su flamante capitán, su líder, el
hombre que guiaría a la institución hacía una nueva etapa, ¿plagada de éxitos?
Son hechos que, por mucho que especulemos, nunca podremos saber. La realidad,
la que todos conocemos, fue que la muerte del #35, sumado a una serie de malas decisiones deportivas posteriores,
acabarían con el equipo abocado a una larga travesía por el desierto, de la que
tanto nos costaría recuperarnos.
La
propia liga perdía a una de sus jóvenes estrellas, en una de de las franquicias
referencia de la competición. En palabras de un apesadumbrado McHale, “Nada de lo que hagamos podrá
llenar el vacío que ha dejado en nuestros corazones. Reggie es alguien irremplazable, y ahora no podemos hacer otra cosa
que lamentar su muerte”.
Aunque
nunca sabremos hasta donde pudo llegar su aportación en la pista, su papel más
allá de ella si ha transcendido a su desaparición. Aún siendo una persona
reservada y tímida, siempre había una sonrisa contagiosa en su rostro. Marido y
padre devoto, un amigo con el que contar ante cualquier problema. Su labor en
beneficio de los más desfavorecidos era muy conocida, y esta ha continuado
hasta el día de hoy, gracias al papel ejercido por Donna Harris-Lewis, su
orgullosa esposa. Como dirigente de la Reggie Lewis Foundation, patrocina,
entre otras iniciativas, la conocida Thanksgiving
Turkey Give-Away.
El 22 de Marzo de 1995, los del trébol
retiraban su dorsal en una solemne ceremonia, entrando al mismo tiempo en el Northeastern Hall of Fame, como sentido
reconocimiento a su trayectoria deportiva. Actualmente, sigue siendo el único
jugador en la larga historia de Boston en conseguir, en una misma
temporada (concretamente, la 91-92) los siguientes registros: 100 rebotes
(394), 100 asistencias (185), 100 robos (125) y tapones (105).
Para concluir, me gustaría preguntaros
algo, para que deis rienda suelta a vuestra imaginación: ¿de qué habría sido
capaz el Big Three original con dos monstruos como Bias y Lewis para,
primero secundarles, y más tarde, liderar el equipo? Pensadlo, mientras
recordáis al bueno de Reg… Enjoy it!
Pd: He
de reconocer que la elaboración de este artículo ha supuesto un reto para mí.
El hecho de tratarse de una época que no pude vivir (nací en el año 1990) y la
escasedad de publicaciones que profundizaran en la figura del #35, complicaron más si cabe mi tarea.
Por tanto, este escrito es el compendio de las muchas páginas que tuve ocasión
de encontrar, la mayoría de ellas en inglés.
Espero
que, aquél que a partir de ahora se interesa por aquello que hizo Reggie, pueda tomar como pequeña
referencia este humilde aporte, escrito en la lengua de Cervantes.
Segunda parte de
este maravilloso artículo escrito por Ramses, escrito desde la admiración, bien
informado, y bien redactado. Es un placer que haya colaborado en el blog, se lo
agradezco, y bien sabemos ambos, que volverá a hacerlo, espero que hayáis disfrutado
de él, tanto como yo.





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